Pocos platos resumen mejor la sabiduría de la taberna andaluza que unas buenas papas aliñás. En Bodega Mi Tierra seguimos al pie de la letra la fórmula de Sanlúcar de Barrameda: las patatas se aliñan templadas, recién cocidas, para que beban el aceite de oliva virgen extra y el vinagre de Jerez hasta el corazón antes de coronarse con jugosa melva y cebolleta fresca.
El secreto: aliñar en caliente
El error más habitual es dejar enfriar la patata antes de vestirla. La patata fría repele el aliño; la patata tibia lo absorbe como una esponja. Por eso, en nuestra cocina pelamos y troceamos la patata en caliente, regándola al instante con un generoso chorro de aceite de oliva virgen extra, vinagre de Jerez de solera y su pizca justa de sal marina.
Melva de almadraba y cebolleta dulce
Presentado en timbal para lucir en mesa, el plato se corona con lomos limpios de melva, jugosos y con ese sabor marino profundo que solo da la buena conserva andaluza. Una lluvia de cebolleta fresca picada fina y perejil recién cortado aportan el crujiente y el frescor imprescindibles para equilibrar cada bocado.
Una ración de papas aliñás bien hecha no necesita adornos modernos: necesita patata de verdad, aceite excelente y el cariño de quien sabe esperar el punto del guiso.
Es una de las tapas más solicitadas tanto en barra como en salón, ideal para abrir el apetito junto a una cerveza fría o una copa de manzanilla. Si aún no las has probado en Calle Tamar, pídete una ración en tu próxima visita: entenderás por qué lleva años siendo un imprescindible de la casa.